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by INTEGRANTES
En la actualidad, la mayor parte del poder administrativo y económico se concentra en Lima, que es donde se gobierna. Esto impide el desarrollo equitativo de las demás ciudades y, particularmente, de las más alejadas de ella. Durante los últimos años del siglo XX, el gobierno central recaudaba el 92% de los impuestos, mientras que el 8% restante lo recaudaban los más de 2000 gobiernos municipales. Recién, durante las últimas épocas se ha tratado de iniciar un proceso de descentralización mediante la creación de gobiernos regionales. Por otro lado, como consecuencia de esto, un alto porcentaje de la población ha ido abandonando sus lugares de origen para instalarse en la capital, que es donde evidentemente se halla reunida la mayor parte del poder económico. Casi un tercio del Perú radica en Lima, una ciudad conformada por más de 7 millones de habitantes, la gran mayoría reside en los 43 distritos de Lima Metropolitana. Nuestra capital ha ido atrayendo a los habitantes de las cercanías, y también parte de quienes estaban realmente lejos. Gran cantidad de personas migraron de la sierra, selva y otras ciudades de la costa a Lima durante la segunda mitad del siglo XX, anhelando una mejor calidad de vida, oportunidades que difícilmente se presentaban en sus comunidades olvidadas por el gobierno, situación que aún persiste. Posteriormente, Sendero Luminoso se instaló en la sierra, causando la muerte de mucha gente y espantando a aquellas que sobrevivieron, haciéndolas huir, inevitablemente, a Lima, que ha pasado de tener más de medio millón de habitantes en la década del 40 del siglo XX a más de siete millones a inicios del siglo XXI. Como consecuencia de esto, ahora es una gran metrópoli, ampliada a base del surgimiento de nuevos distritos, donde habitan personas de diversas razas y culturas. Evidentemente, existe un problema de sobrepoblación, ya que en Lima hay actualmente más pobladores de los que puede sostener. Mientras nuestra capital se urbaniza y moderniza cada vez más, la mayoría de regiones del país vive situaciones opuestas: el proceso de construcción de nuevas instituciones se ha detenido desde hace buen tiempo y, obviamente, se está quedando sin gente. Además, es en las otras ciudades donde hay mayor índice de pobreza. Basta con tener en cuenta que sólo menos del 5% de los peruanos que viven en extrema pobreza se halla en Lima. Este es un problema que a veces pasa desapercibido hasta que no nos ponemos a pensar en cuáles son las causas del desempleo o, incluso el tráfico en Lima. Todos estos conflictos sociales son producto de la centralización.
Este problema no es reciente. Desde épocas del Tahuantinsuyo hay evidencias de centralismo. Este fue un estado políticamente centralizado. El poder se condensaba en su capital Cusco, aunque se hallaba económicamente descentralizado, debido a que su organización se basaba en curacazgos. Ya en tiempos de la colonización española, se organizó al Estado de un modo centralizado por motivos de administración tributaria e instaló la sede del gobierno en Lima, una ciudad con salida al mar. Este era un lugar estratégico que facilitaba el embarque y desembarque. De esta manera el contacto con España se hacía más simple. El sistema conquistador español tampoco estuvo totalmente centralizado, ya que estableció seis intendencias que permitieron organizar la economía colonial a base de una agricultura y minería descentralizadas, aunque su gobierno centralizaba los tributos en beneficio de la corona española.
Enzo Arata