El tema al que pretendemos plantear una posible propuesta de solución es el de violencia y conflicto social. Hemos elegido tratar el problema del pandillaje, que incluye también el de las barras bravas. Nuestro proyecto consiste, fundamentalmente, en lograr cambiar la mentalidad de quienes estén envueltos en este problema. Esta meta puede sonar demasiado utópica y, de hecho, sería realmente difícil erradicar este conflicto social en su totalidad. Para ello, proponemos al arte y la cultura como medios de solución: la pintura, el graffiti, la lectura, el baile, etc. Hemos llegado a la conclusión de que algunas de las cosas que buscan los miembros de pandillas y barras bravas es expresarse y atraer la atención. Por ello, creemos que de esta manera satisfarán su necesidad de expresión a la vez que dejan de dedicarse a actividades delictivas. Además, el proyecto está dirigido a los líderes de estos grupos, ya que consideramos que estos ejercen gran influencia sobre sus compañeros. De este modo, si se lograra cambiar los hábitos de uno de los líderes de estas bandas podemos tener la seguridad de que existirá una gran posibilidad de que quienes los rodean sigan su ejemplo.
RECUENTO HISTORICO
Actualmente, existe en Lima una gran cantidad de jóvenes que se dedican al pandillaje. Estos provienen, en su mayoría, de distritos que inicialmente fueron invasiones de emigrantes de provincia y que fueron reconocidos posteriormente por el Estado, como El Agustino, San Juan de Lurigancho, Villa María del Triunfo, Comas, Ate Vitarte, Villa El Salvador, Santa Anita, entre otros. No es casualidad que el pandillaje y la delincuencia hayan surgido casi con naturalidad en distritos como los mencionados. Estos siempre han tenido en común características semejantes, ya que enfrentan los mismos problemas, producto de la situación socioeconómica de las zonas urbanas marginales de Lima. Todo esto originó la formación de pandillas juveniles, que surgió como el medio más fácil para cubrir sus necesidades económicas. Podemos considerar que este es el origen del pandillaje. Con el pasar de los años, el hecho de pertenecer a una pandilla llegó a ser deseado por los jóvenes no sólo por necesidad sino también por una cuestión de imitación, de tradicionalismo, por ser considerado una cuestión de “hombres”, ya que involucrarse en una pandilla implica ciertos riesgos.
El año 1997, la Policía Nacional del Perú-Dirección de Estadística registró 4535 menores de edad involucrados en actividades delictivas. El delito contra el patrimonio alcanzó la mayor frecuencia: 1511 casos, que constituyen el 33,3% del total, luego están los casos por robo: unos 907, siendo el 20,0% y, por último, los delitos consistentes en atentados contra la vida, la integridad y la salud con 723 casos, que representa el 16,1%. A nivel departamental, Lima abarca la mayor cantidad de casos registrados: 2012, que abarca el 44,4% del total de casos en todo el Perú. Les sigue Piura con 383 casos (8,4%) y Puno con 342 casos (7,5%).
Por otro lado, según un informe del Departamento de Informática del Ministerio del Interior realizado el año 2001, los distritos de los que provenía la mayor cantidad de pandillas registradas por la Policía Nacional fueron los siguientes: Callao (32 pandillas), El Agustino (27 pandillas), San Juan de Lurigancho (27 pandillas), Villa el Salvador (24 pandillas), Comas (24 pandillas), Villa María del Triunfo (22 pandillas), Santa Anita (19 pandillas), Ate Vitarte (18 pandillas), Los Olivos (17 pandillas), La Victoria (16 pandillas), San Martín de Porres (16 pandillas) y Cercado de Lima (13 pandillas).
Fuente:
http://www.monografias.com/trabajos47/pandillaje-lima/pandillaje-lima2.shtml


